Pese a la promoción que intenta generar la F1 Academy, muchas han acabado desarrollando su carrera lejos de la Fórmula 1
Hace doce años de la última vez que una mujer condujo un Fórmula 1 en un Gran Premio. Su nombre era Susie Wolff. Por aquellas, Lewis Hamilton apenas ganaba su segundo campeonato y Max Verstappen aún era reserva de Toro Rosso. Desde entonces, solo Tatiana Calderón y Jessica Hawkins han llegado a subirse a uno, ambas en tests privados. Nueve años después de su hazaña, Wolff fue nombrada directora general de la recién creada F1 Academy. Su intención era impulsar el talento femenino en el motorsport. Sin embargo, más que un trampolín, la categoría se ha convertido en una cima.
De acuerdo con la lógica del nombre, sus pilotos deberían tener como objetivo final alcanzar la categoría reina del automovilismo. Ahora bien, la realidad demuestra que esto no es tan así. Para empezar, la propia FIA categoriza de cara a la superlicencia a esta competición incluso por debajo de campeonatos nacionales de Fórmula 4. Esto llega al punto que pilotos de la talla de Alba Hurup Larsen tienen que compaginar su estancia en la competición con otras como la Fórmula 4 emiratí. Aun así, es comprensible que comparta fin de semana con el gran circo para dar altavoz a las pilotos.
Cuando uno mira a las competidoras que ya dejaron la categoría, todas parecen dar por perdidas sus opciones de llegar a la F1. Incluso echando la vista atrás a la extinta W Series, la tricampeona Jamie Chadwick ha dejado los monoplazas por completo y ha optado por continuar con las carreras de resistencia. El mismo camino ha seguido Marta García, campeona inaugural de la F1 Academy, cuando apenas medio año después de llevarse el oro anunciaba que su tiempo a bordo de Fórmulas había terminado. Otros nombres como Nerea Martí, han abandonado las cuatro ruedas por los barcos.
El apoyo eléctrico está a otro nivel
Pese a eso, hay un hilo de esperanza que une a todas ellas, la Fórmula E. La categoría eléctrica apostó por las pilotos desde su origen. Nombres como Katherine Legge o Michela Cerruti participaban a tiempo completo al mismo tiempo que Susie Wolff probaba el Williams FW36. Desde entonces, su apoyo al motorsport femenino ha sido incansable. Las ya mencionadas Chadwick, García y Martí, junto a otras como Alice Powell o Amna Al Qubaisi, han participado en tests y entrenamientos libres.
A día de hoy, el soporte continúa. Abbi Pulling, campeona de la F1 Academy en 2024, y Chloe Chambers participarán este viernes en los entrenamientos libres del ePrix de Miami. Dos pilotos en sesión oficial, las mismas que ha tenido la Fórmula 1 en los últimos 34 años. Es entonces que me surge la pregunta, ¿por qué mantener el F1 en el nombre si el gran circo resulta una quimera? El papel de los equipos ya se trató, pero al fin y al cabo, las protagonistas son ellas. Pese al escaparate que la competición femenina da, una vez termina su estancia en ella, parece que son lanzadas al abismo sin apoyo ni guía alguna.
Por cosas así, vemos casos como el de Luna Fluxá. La piloto de Mercedes, pese al apoyo que dispone de la F1 Academy, ha optado por continuar su carrera en la Fórmula 4 española. Si su desarrollo se da siguiendo un camino lógico, es muy probable que esta llegue a cotas muy altas sin pisar el campeonato dirigido por Susie Wolff. Si se diera esto, surgiría un debate curioso. ¿Ha logrado la F1 Academy su cometido al conseguir que una mujer llegue a un lugar de renombre o no ha servido para nada, ya que esta siquiera participó? Solo el tiempo lo dirá.
IMAGEN: F1 Academy

