El formato mixto de esta competición eléctrica nos deja claro que cuando mujeres y hombres compiten con las mismas condiciones, la diferencia de rendimiento desaparece prácticamente
Durante muchos años, el motorsport ha vivido con la idea de que las mujeres tienen un rendimiento menor al de los hombres al volante. Pero son los datos recientes de Extreme E, la serie eléctrica off-road que exige que cada equipo tenga un piloto masculino y otro femenino compartiendo el mismo coche, los que están desmontando este mito.
En la primera temporada de esta categoría, la diferencia promedio de tiempo entre relevos masculinos y femeninos rondaba los 4,5 segundos. Ahora, cuatro años después, esa brecha se ha visto reducida a poco más de 1 segundo, es decir, una caída de alrededor del 70%, según los informes de la Extreme E. Cabe destacar que, en algún fin de semana, la diferencia ha llegado a bajar a 0,6 segundos, que viene a ser una cifra un tanto irrelevante en una disciplina tan difícil como es el off-road eléctrico.
Esto nos demuestra que el secreto no está en un salto de talento, sino en la igualdad real de condiciones. En Extreme E, los dos pilotos reciben el mismo coche, mismo tiempo al volante, mismo equipo y el mismo acceso a los datos. Es por primera vez en una competición internacional, que mujeres y hombres compiten de forma completamente equivalente.
Los datos son reveladores. Lo que parecía una simple diferencia “natural”, ha demostrado ser un reflejo de años de desigualdad en desarrollo, oportunidades y apoyo técnico.
Esta forma de competir plantea una pregunta inevitable para el resto de categorías del automovilismo: si en Extreme E la brecha desaparece casi al completo, ¿qué podría pasar si otras competiciones adoptaran modelos igual de equitativos?
La respuesta a esta pregunta puede llegar a marcar el futuro del motorsport femenino. Porque lo que ha quedado claro es que el talento no tiene género; las oportunidades, hasta ahora, sí.
Imagen: SoyMotor

